15% OFF EN TU PRIMER COMPRA CON EL CODIGO BIENVENIDA15

Envío nacional gratis en pedidos mayores a $950

Envío a USA disponible

La primera bolsa que guardé en el congelador

Recuerdo perfectamente la primera bolsa de leche que guardé en el congelador. No porque fuera una cantidad extraordinaria ni porque en ese momento entendiera todo lo que estaba haciendo. La recuerdo porque representaba algo que me costaba admitir: tenía miedo.

Mi bebé todavía era pequeño y, aunque el regreso al trabajo se acercaba cada día más, yo intentaba no pensar demasiado en ello. Había pasado los primeros meses concentrada en aprender a ser mamá. Cada día traía algo nuevo. Una rutina distinta. Un desafío diferente. Una pequeña victoria que celebraba en silencio. Pensar en el futuro parecía un lujo cuando el presente ya ocupaba toda mi atención.

Pero el futuro llegó más rápido de lo que esperaba.

Una tarde, mientras acomodaba algunas cosas en la cocina, abrí el congelador y me quedé mirándolo durante unos segundos. No estaba pensando en comida. Estaba pensando en mi bebé. Estaba pensando en los tres meses que habían pasado tan rápido y en el momento en que tendría que regresar al trabajo. Por primera vez me pregunté algo que hasta entonces había evitado: ¿qué iba a pasar con nuestra lactancia cuando ya no estuviéramos juntos todo el día?

No tenía respuestas. Lo único que tenía era una sensación incómoda de incertidumbre. Hasta ese momento mi bebé había estado conmigo prácticamente todo el tiempo. Si tenía hambre, estaba ahí. Si necesitaba una toma adicional, estaba ahí. Si atravesábamos un día complicado, también estaba ahí. Nuestra lactancia funcionaba dentro de una rutina que se había construido naturalmente porque compartíamos casi cada hora del día.

La idea de regresar al trabajo cambiaba completamente ese escenario.

Fue entonces cuando empecé a escuchar hablar más sobre los bancos de leche. Veía fotografías en internet de congeladores perfectamente organizados y bolsas acomodadas en filas impecables. Algunas mamás parecían tener reservas enormes. Yo observaba esas imágenes y pensaba que seguramente ellas sabían algo que yo no sabía. Parecía que todas tenían un plan claro mientras yo apenas estaba intentando entender cómo iba a funcionar la siguiente etapa de mi vida.

La realidad es que mi banco de leche no empezó así.

Empezó con una sola bolsa.

Una extracción que decidí guardar porque me hacía sentir un poco más tranquila. Recuerdo escribir la fecha con un plumón y acomodarla cuidadosamente en el congelador. Cuando cerré la puerta sentí algo que no esperaba. No sentí orgullo. No sentí emoción. Sentí alivio.

Era una sola bolsa y, racionalmente, sabía que no iba a resolver todos mis miedos. Pero representaba algo importante. Representaba que estaba empezando. Representaba que estaba haciendo algo para prepararme para una transición que me asustaba más de lo que quería admitir.

Durante las semanas siguientes seguí guardando leche cuando podía. Y digo cuando podía porque esa parte rara vez se parece a las fotografías de internet. Había días en los que lograba guardar una bolsa. Había días en los que no guardaba nada. Había momentos en los que me sentía organizada y otros en los que parecía imposible encontrar tiempo incluso para sentarme unos minutos.

Con el tiempo entendí que crear un banco de leche no era una competencia. Nadie estaba entregando premios por tener más bolsas en el congelador. Sin embargo, cuando eres mamá, es sorprendentemente fácil caer en la comparación. Ves lo que otras personas muestran y empiezas a preguntarte si estás haciendo suficiente. Si deberías tener más. Si deberías estar más preparada. Si deberías sentirte más segura de lo que te sientes.

Mirando hacia atrás, creo que gran parte de mi preocupación no tenía que ver realmente con la cantidad de leche que estaba almacenando. Lo que me preocupaba era el cambio que se acercaba. Me preocupaba regresar al trabajo. Me preocupaba estar lejos de mi bebé. Me preocupaba mantener una lactancia que era importante para mí. La leche almacenada se convirtió en una forma de sentir que tenía algo de control en medio de tantas preguntas sin respuesta.

Cuando finalmente llegó el momento de volver al trabajo, descubrí que la vida rara vez sigue los planes que hacemos en nuestra cabeza. Mi bebé tomaba alrededor de cinco onzas cada tres horas en la guardería y yo intentaba adaptarme a una rutina completamente nueva. Hubo días en los que me sentí preparada y otros en los que volví a cuestionarlo todo. Pero algo había cambiado. Ya no sentía que estaba entrando en esa etapa completamente a ciegas.

A veces pienso en aquella primera bolsa y me da risa la importancia que le di. Porque hoy sé que no era la bolsa lo que me daba tranquilidad. Era lo que representaba. Representaba el deseo de seguir adelante. Representaba el esfuerzo de una mamá que estaba intentando prepararse para una etapa desconocida. Representaba la decisión de empezar, incluso sin tener todas las respuestas.

Por eso, cuando una mamá me pregunta cómo hacer un banco de leche, rara vez pienso primero en cantidades o números. Pienso en los miedos que suelen esconderse detrás de esa pregunta. Pienso en la incertidumbre de regresar al trabajo. Pienso en las dudas sobre la producción de leche. Pienso en el deseo de sentirse preparada para cuidar a un bebé que depende tanto de nosotras.

Y si pudiera decirle algo a esa mamá, probablemente sería esto: no necesitas empezar con un congelador lleno. No necesitas tener un plan perfecto. No necesitas compararte con las fotografías que ves en internet. Puedes empezar con una sola bolsa.

Yo lo hice.

Y resultó ser suficiente para comenzar.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un banco de leche materna?

Un banco de leche materna es una reserva de leche extraída y almacenada para utilizarse posteriormente según las necesidades de cada familia.

¿Cuándo debería empezar a crear un banco de leche?

Cada experiencia es diferente. Muchas mamás comienzan a almacenar leche cuando se preparan para regresar al trabajo o cuando desean contar con una reserva para determinadas situaciones.

¿Necesito llenar mi congelador para tener un banco de leche?

No. Las necesidades de cada familia son diferentes y no existe una cantidad universal que funcione para todas las mamás.

¿Es normal sentir nervios al empezar?

Sí. Para muchas mamás, crear un banco de leche está relacionado con cambios importantes y es completamente normal experimentar dudas o incertidumbre durante el proceso.

Previous post

Leave a comment

Please note, comments must be approved before they are published