Hay algo que pocas veces se dice en voz alta, pero que muchísimas mamás viven todos los días:
en la maternidad pueden coexistir dos realidades completamente opuestas… al mismo tiempo.
Puedes sentir profunda gratitud y, a la vez, profundo agotamiento.
Puedes tener el corazón lleno…
y el tanque vacío.
Puedes sentir un amor tan grande que quisieras gritarlo a los cuatro vientos, pero también experimentar un silencio abrumador que no sabes cómo explicar.
Porque sí: puedes pensar “te amo tanto”…
y al mismo tiempo sentir “necesito treinta minutos sola”.
Puedes ser esa superheroína que parece indestructible para todos…
y por dentro sentir que apenas puedes mantenerte de pie.
Puedes vivir una vida con propósito, con sentido, con amor…
y aún así sentir que procrastinas todo el tiempo, que no alcanzas, que no llegas. Que apenas y lograste el día.
Puedes sentir felicidad y alegría por las cosas más pequeñas: una sonrisa, un abrazo, una palabra nueva…
y también cargar con culpa constante.
Puedes querer estar presente en cada momento…
y preguntarte en qué momento te perdiste a ti misma.
En la maternidad hay alegría… y lágrimas.
Hay entrega… y dudas.
Hay amor inmenso… y cansancio profundo.
Puedes darlo todo y aún preguntarte si es suficiente.
Puedes extrañar tu vida de antes…
y al mismo tiempo no cambiar este momento por nada.
Puedes sentir hermoso que tu hijo te necesite…
y también sentirte cansada de que te necesite solo a ti.
Puedes reír en la cocina…
y llorar en la regadera.
Y no, no estás mal por sentirlo.
No eres una mala madre por vivirlo.
Porque ambas cosas son reales.
Ambas cosas son maternidad.
No tienes que escoger una u otra.
No tienes que encajar en una sola versión de ti.
Se vale vivir las dos.
Marcela Elizondo
5 de Febrero 2025