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El estrés y la lactancia: lo que nadie me explicó cuando me convertí en mamá

Recuerdo una tarde en la que estaba sentada frente a mi computadora intentando terminar algo urgente del trabajo mientras respondía mensajes, revisaba pendientes y pensaba en todo lo que tenía que hacer al llegar a casa. Mi bebé llevaba apenas unos meses en la guardería y yo todavía sentía que estaba aprendiendo a vivir una vida completamente distinta a la que había tenido durante mi licencia de maternidad. Había días en los que parecía que todo funcionaba razonablemente bien y otros en los que sentía que estaba sosteniendo demasiadas cosas al mismo tiempo.

Aquella tarde miré el reloj y me di cuenta de que ya había pasado más tiempo del que quería sin extraerme leche. Sentí una mezcla de culpa, ansiedad y frustración que me resultó difícil explicar. No porque hubiera ocurrido algo grave. Simplemente tenía la sensación constante de que siempre estaba llegando tarde a algo. Tarde al trabajo, tarde a mis pendientes, tarde a mis extracciones y, en ocasiones, incluso tarde a mis propias necesidades.

Durante mucho tiempo pensé que el estrés era simplemente parte de la maternidad. Algo que venía incluido con las noches interrumpidas, las responsabilidades nuevas y la enorme carga emocional que implica cuidar de otra persona. Lo que nadie me explicó fue que, además de aprender a cuidar a mi bebé, también iba a tener que aprender a cuidarme a mí misma de una forma completamente diferente.

Recuerdo que durante los primeros meses intentaba resolverlo todo. Quería ser una buena mamá, una buena profesional, una buena pareja, una buena amiga y una persona organizada al mismo tiempo. En teoría sonaba razonable. En la práctica era agotador. Había días en los que terminaba la jornada con la sensación de haber trabajado sin descanso desde que abría los ojos hasta que volvía a acostarme por la noche.

Lo curioso es que, aunque podía reconocer fácilmente cuando alguien más necesitaba ayuda, me costaba muchísimo reconocerlo en mí misma. Si una amiga me hubiera contado que estaba cansada, preocupada y sintiendo que no llegaba a todo, probablemente le habría dicho que estaba atravesando una etapa difícil y que necesitaba ser más amable consigo misma. Sin embargo, cuando se trataba de mí, esperaba algo completamente diferente. Esperaba poder con todo.

Con el tiempo empecé a notar que muchas de mis preocupaciones no tenían que ver únicamente con la lactancia. La lactancia era simplemente el lugar donde terminaban apareciendo. Si había tenido una semana complicada en el trabajo, me preocupaba por mis extracciones. Si había dormido poco durante varios días, empezaba a cuestionar todo lo que estaba haciendo. Si me sentía agotada, cualquier pequeño cambio parecía una señal de alarma.

Y fue entonces cuando entendí algo que me habría gustado aprender mucho antes. La maternidad no ocurre en compartimentos separados. No existe una versión de nosotras para el trabajo, otra para la lactancia y otra para el resto de nuestra vida. Todo está conectado. Nuestro cansancio, nuestras preocupaciones, nuestras responsabilidades y nuestra forma de sentirnos atraviesan todas las áreas de nuestra rutina.

A partir de ese momento empecé a prestar más atención a cosas que antes consideraba secundarias. Mi descanso. Mi alimentación. Mi hidratación. Los momentos en los que realmente lograba desconectarme aunque fuera durante unos minutos. También aprendí algo que me costó mucho más trabajo: aceptar ayuda. Durante meses había actuado como si pedir apoyo fuera una señal de debilidad, cuando en realidad era exactamente lo contrario.

Hoy, cuando una mamá me pregunta sobre estrés y lactancia, no pienso en una lista de consejos ni en una solución rápida. Pienso en aquella versión de mí que intentaba hacerlo todo al mismo tiempo y que terminaba cada día sintiendo que siempre había algo más que debería estar haciendo. Pienso en la presión que sentía por cumplir en todos los aspectos de mi vida y en lo difícil que resultaba reconocer que también necesitaba cuidado.

Si pudiera sentarme a conversar con esa mamá durante un café, probablemente le diría que muchas de las expectativas que carga no vienen de su bebé. Vienen de ella misma. Le diría que la maternidad ya es suficientemente exigente como para además pedirnos perfección todos los días. Le diría que sentirse cansada no significa que esté fallando y que atravesar momentos de estrés no la convierte en una peor madre.

Con el tiempo descubrí que la maternidad no se trata de hacerlo todo perfectamente. Se trata de aprender, adaptarnos y seguir adelante incluso cuando no estamos completamente seguras de lo que estamos haciendo. Quizá por eso hoy miro aquella etapa con más cariño que juicio. No porque fuera fácil, sino porque me enseñó algo que todavía intento recordar cuando las cosas se complican: cuidar de mí no me convierte en una peor mamá. De hecho, muchas veces es exactamente lo contrario.

Si estás atravesando una etapa de mucho estrés, quiero que sepas que no eres la única. La mayoría de las mamás hemos pasado por momentos en los que sentimos que llevamos demasiado peso sobre los hombros. Y aunque cada historia es diferente, hay algo que suele repetirse una y otra vez: las cosas rara vez son tan permanentes como parecen en los días difíciles. A veces necesitamos ayuda. A veces necesitamos descanso. Y a veces simplemente necesitamos recordar que también merecemos cuidado.

Esa fue una de las lecciones más importantes que la lactancia me dejó. Aprender a cuidar de mi bebé sin olvidarme completamente de mí.

Preguntas frecuentes

¿Es normal sentir estrés durante la lactancia?

Sí. Muchas mamás describen periodos de estrés, preocupación o cansancio durante la lactancia, especialmente durante transiciones importantes como el regreso al trabajo o los primeros meses de adaptación a la maternidad.

¿El estrés puede formar parte de la experiencia de lactancia?

Muchas mujeres describen que los periodos de mayor estrés coinciden con etapas más desafiantes de su lactancia. Cada experiencia es distinta y suele estar influenciada por múltiples factores.

¿Qué cosas suelen ayudar durante esta etapa?

Descanso, hidratación, alimentación, apoyo emocional y momentos de autocuidado son aspectos que muchas mamás consideran importantes durante la lactancia.

¿Es normal sentir que no estoy haciendo suficiente?

Probablemente es una de las sensaciones más comunes de la maternidad. Muchas mamás atraviesan momentos en los que sienten que podrían hacer más, incluso cuando ya están haciendo muchísimo.

En Lactana creemos que la lactancia no se trata de hacerlo todo perfectamente. Se trata de aprender sobre la marcha, adaptarnos a los cambios y encontrar lo que funciona para cada familia. Porque detrás de cada historia hay una mamá haciendo lo mejor que puede, incluso en los días en los que duda de sí misma. Si quieres conocer los productos que hemos creado para acompañar esta etapa, puedes ver nuestros productos aquí.

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