Mi bebé tenía tres meses cuando regresé al trabajo. Hasta ese momento había pasado prácticamente todo el día conmigo. Había días en los que sentía que vivía pegado a mi pecho y, aunque había momentos agotadores, también existía cierta tranquilidad porque nunca tenía que preguntarme cuándo sería su siguiente toma. Simplemente estaba ahí.
Todo cambió el día que entró a la guardería.
Recuerdo preparar sus cosas la noche anterior y revisar varias veces que no me faltara nada. Su ropa. Sus pañales. Los biberones. Las bolsas de leche que había logrado guardar. Lo que no recuerdo es haber pensado demasiado en mí. Estaba tan concentrada en asegurarme de que él estuviera bien que no me detuve a considerar cómo iba a cambiar mi propia experiencia de lactancia.
Las primeras semanas fueron mucho más difíciles de lo que imaginaba. Mi bebé tomaba alrededor de cinco onzas cada tres horas mientras estaba en la guardería y, aunque yo seguía extrayéndome leche en el trabajo, la realidad era muy distinta a estar con él durante todo el día. Entre reuniones, pendientes y horarios, muchas veces solo lograba extraerme dos veces durante mi jornada laboral.
Al principio pensé que podría adaptarme rápidamente. Pero con el paso de los días empecé a sentir que algo estaba cambiando. Y si alguna vez has pasado por algo parecido, probablemente ya sabes lo que vino después.
Las dudas.
Al principio fueron pequeñas. Me preguntaba si estaba logrando extraer suficiente leche durante el día. Después empecé a preguntarme si las bolsas que dejaba en la guardería alcanzarían para el día siguiente. Y más adelante llegaron las preguntas que muchas mamás conocen demasiado bien: ¿mi producción está bajando?, ¿estoy haciendo algo mal?, ¿qué pasa si ya no puedo seguir lactando como antes?
Lo más difícil era que no había un momento específico que pudiera señalar como el inicio del problema. No fue algo que ocurrió de un día para otro. Fue más bien una acumulación de pequeños cambios. Antes, mi bebé podía alimentarse directamente de mí cuando lo necesitaba. Ahora dependíamos de horarios, extracciones y una logística que parecía multiplicarse cada semana.
Recuerdo abrir el refrigerador una noche para preparar las bolsas del día siguiente y sentir un nudo en el estómago. Por primera vez tuve miedo de no tener suficiente. Hasta ese momento siempre había confiado en que las cosas se acomodarían solas, pero regresar al trabajo cambió completamente las reglas del juego.
Con el tiempo entendí que muchas mamás atraviesan algo parecido. Pasamos de tener a nuestro bebé cerca prácticamente todo el día a depender de los momentos en los que podemos extraernos leche. Y aunque cada experiencia es diferente, no siempre es fácil encontrar el equilibrio entre las necesidades de nuestro bebé, las exigencias del trabajo y el cuidado de nuestra propia lactancia.
Fue durante esa etapa cuando empecé a buscar información con mucha más intención. Quería entender qué estaba pasando y qué podía hacer para sentirme más preparada. Hablé con otras mamás, leí experiencias similares a la mía y descubrí que no era la única que sentía miedo al regresar al trabajo.
También empecé a prestar más atención a cosas que antes daba por sentadas. Mi descanso. Mi alimentación. Mi hidratación. La frecuencia con la que lograba extraerme leche durante el día. Y fue entonces cuando decidí incorporar suplementos como parte de las herramientas que estaba utilizando para acompañar mi lactancia durante esta nueva etapa.
No esperaba una solución mágica. A esas alturas ya había aprendido que la maternidad rara vez funciona así. Lo que buscaba era sentir que estaba haciendo todo lo posible para seguir adelante con algo que era importante para mí.
Mirando hacia atrás, creo que lo que más me hubiera gustado saber es que regresar al trabajo no significa necesariamente el final de la lactancia. Significa un cambio. Un ajuste. Un periodo de aprendizaje en el que muchas veces tenemos que descubrir nuevas rutinas y nuevas formas de hacer las cosas.
También me hubiera gustado saber que no tenía que resolverlo todo sola. Que otras mamás habían pasado por lo mismo. Que las dudas eran normales. Que el miedo era normal. Y que sentirme abrumada no significaba que estuviera fallando.
Con el tiempo encontré una rutina que funcionaba para nosotros. No era perfecta. Había días buenos y días difíciles. Había jornadas en las que lograba extraerme a tiempo y otras en las que parecía imposible encontrar un momento libre. Pero poco a poco dejé de sentir que estaba luchando contra la situación y empecé a adaptarme a ella.
Creo que muchas veces hablamos del regreso al trabajo como si fuera únicamente un cambio de horario, cuando en realidad implica mucho más que eso. Es una transición emocional. Es aprender a confiar en otras personas para cuidar a nuestro bebé durante parte del día. Es aceptar que nuestra rutina va a cambiar. Y para muchas mamás también es aprender cómo seguir lactando en circunstancias completamente distintas a las que existían durante los primeros meses.
Si hoy estás leyendo esto porque estás a punto de volver al trabajo o porque acabas de regresar y sientes que tu lactancia cambió, quiero que sepas algo.
No eres la única.
No eres la única que ha sentido miedo al mirar las bolsas que quedan en el refrigerador.
No eres la única que ha llegado corriendo a una extracción porque una reunión se extendió más de lo esperado.
No eres la única que se ha preguntado si podrá seguir adelante.
Y tampoco eres la única que ha descubierto que es más fuerte de lo que imaginaba.
Yo pensé que volver al trabajo significaba el final de mi lactancia.
Por suerte, estaba equivocada.
¿Es normal que la lactancia cambie al regresar al trabajo?
Sí. Muchas mamás notan cambios en su rutina de lactancia cuando regresan al trabajo debido a nuevos horarios, extracciones y periodos de separación con su bebé.
¿Cómo puedo prepararme para volver al trabajo mientras sigo lactando?
Cada experiencia es diferente, pero muchas mamás encuentran útil planificar sus extracciones, organizar el almacenamiento de leche y construir una rutina que funcione para su realidad.
¿Qué pasa si siento que mi producción cambió después de volver al trabajo?
Es una preocupación frecuente. Ante cualquier duda relacionada con la lactancia o la alimentación del bebé, es recomendable buscar orientación profesional.
¿Otras mamás pasan por lo mismo?
Muchísimas. El regreso al trabajo es una de las transiciones más importantes durante la lactancia y suele venir acompañado de dudas, ajustes y aprendizajes.